¿Luchar o rendirse?


Hace un tiempo, un viejo amigo me dijo: "Te noto cambiada..." Le pregunté a qué se refería, y me dijo: "No sé, antes hablabas siempre de que somos dueños de nuestra vida y que podemos conseguir cualquier cosa si nos la proponemos. Decías que debemos tomar conciencia de los programas que hay en nuestro subconsciente para que luego podamos manifestar la vida que deseamos. Hablabas del poder de ser uno mismo y de ir contra corriente, hacia la libertad individual. Ahora me hablas de fluir, de aceptar, de rendirse con la vida. Eso para mí es signo de resignación y debilidad, yo para conseguir las cosas debo ir a por ellas, superarme cada día".


Internamente asentí. Sí, había cambiado. Antes me esforzaba por conseguir un yo mejorado, por proyectar y conseguir cosas en el mundo, por tratar de arreglar mi vida y ser feliz. Pero por más que lo intentaba, acababa dándome los mismos cabezazos contra la pared. Usaba la ley de la atracción para atraer aquellas cosas, situaciones y personas que creía necesitar. Meditaba para atraer abundancia. Visualizaba la pareja ideal (espiritual, por supuesto, jaja). Pero mientras tanto, repudiaba el lugar donde me encontraba. No estaba a gusto con mi instante presente, de ahí el querer cambiarlo y mejorarlo constantemente.


Después de varios años, la no dualidad se hizo camino en mi vida y vino para quedarse. Poco a poco, empezaron (y siguen haciéndolo) a caerse edificios mentales enteros que me arraigaban a mi individualidad casi impermeable. Y todo el dolor empezó a brotar a mi conciencia a raudales. No podía pararlo. Pero ya no había marcha atrás, había llegado a mi límite y ya no deseaba tener razón, tan sólo quería estar en paz. Es realmente agotador luchar contra el presente constantemente. Así que tomar conciencia de mi dolor fue y sigue siendo lo más amoroso, pues no se trata de un castigo, sino de una oportunidad de dejarlo ir.


Fue así, que empecé a aprender -y aprendo cada día más y más- que la vida no se trata de luchar, sino de fluir. No se trata de ir contra corriente, sino de aceptar el instante presente con todos los matices con los que se presenta. De observarme en cada instante y chequear si estoy en paz o estoy en conflicto, y de hacer un trabajo interior cuando siento lo segundo. Se trata de ir bajando por las escaleras de mi inconsciente, no para fortalecer mi yo personal y atraer lo que creo que necesito para ser feliz, buscando la ilusoria promesa de un libre albedrío individual, sino para buscar, encontrar y dejar ir todas las barreras que he construido contra el instante presente, que es la morada del Amor. Y eso jamás me lo puede dar Desi, porque está más allá de ella.


Porque, ¿qué buscamos todos aquí? ¿Acaso no es sentirnos amados y felices? Lo que ocurre es que cada uno buscará su felicidad ahí donde cree que se encuentra. Sin embargo, he aprendido que por más que la busque fuera, ésta no se halla allí. He aprendido a mirar dentro de mí cuando algo va "mal" y a buscar en mi todas las respuestas a mis preguntas. Pero no se trata de cambiar unas creencias por otras; desprogramarme para autoprogramarme de otra forma, sino de rendirme al no saber, al no saber lo que es mejor para mí ni para los demás, pero confiar en que hay una Sabiduría Innata en mí que sí lo sabe. A Ella le entrego todas mis dudas, mis temores, mis preocupaciones. Lo único que deseo es estar en paz, sin depender de las circunstancias externas. El resto, que se ocupe de sí mismo. Y así, toda acción que surja será inspirada (del Espíritu). Y cuando me cueste soltar, la única cosa que me devolverá a mi Centro es el Perdón - Aquel que no juzga, sino que simplemente no da realidad a nuestros errores y así cancela sus efectos.


Pero a él no le dije nada de esto, pues sentí que su postura era demasiado rígida y no se sentía cómodo con esto del fluir y dejarse llevar. De modo que me límite a contestarle: "Sí, he cambiado mucho desde la última vez que nos vimos".


Desi Atanasova , Psicóloga y Terapeuta del Perdón

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